Dispraxia: el niño que tropieza y se cae sin querer

27 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

Son las seis de la tarde. La mochila está en la mesa, los deberes esperan, pero antes hay que quitarse la bata del colegio, vestirse con ropa de casa, merendar y, de paso, atarse los cordones que lleva toda la semana sin apretar porque «es que no puedo». Suena conocido, ¿verdad?

Quizás ya has oído la palabra «dispraxia» o «trastorno del desarrollo de la coordinación» en alguna reunión con el tutor o en grupos de padres. O quizás es la primera vez y te preguntas qué significa exactamente. Este artículo te lo cuenta con calma, sin tecnicismos, para que puedas entender qué le pasa a tu hijo y qué puedes hacer desde casa.

Niño concentrado intentando ponerse una camiseta dada la vuelta.
Dividir una tarea como vestirse en pasos muy pequeños ayuda al niño con dispraxia a ganar confianza.

¿Qué es el trastorno del desarrollo de la coordinación?

El trastorno del desarrollo de la coordinación, conocido también como dispraxia, es una dificultad que afecta a la forma en que el cerebro planifica y ejecuta los movimientos. No tiene nada que ver con la inteligencia: un niño con dispraxia puede ser igual de listo que cualquier otro de su clase. El problema está en coordinar los gestos, los pasos o las manos para hacer cosas que para otros niños resultan más automáticos.

Esto puede manifestarse de muchas formas: un niño que se cae más que sus compañeros, que le cuesta abrocharse los botones, que tira el vaso al beber o que tarda mucho en aprender a montar en bicicleta. A veces también afecta a escribir, organizar sus útiles escolares o seguir instrucciones de varios pasos seguidos.

¿Por qué no se diagnostica antes de los 5 años?

Es frecuente que una familia lleve tiempo preocupada —el niño ya se caía con 3 años, ya le costaba usar la cuchara— pero el diagnóstico no llega hasta bastante más tarde. Esto no significa que los padres estén exagerando. Según el NHS británico, las señales del trastorno del desarrollo de la coordinación pueden observarse desde muy pequeños, pero el diagnóstico definitivo no suele hacerse hasta que el niño tiene 5 años o más. Esto se debe a que el desarrollo motor varía mucho en los primeros años y los profesionales prefieren ser prudentes.

Así que si tu hijo tiene 3 o 4 años y ya notas esas dificultades, no estás equivocado. Lo que pasa es que el sistema necesita tiempo para confirmarlo. Mientras tanto, lo que sí puedes hacer es trabajar en casa con él.

Vestirse: pasos pequeños, práctica constante

Una de las áreas donde más se nota la dispraxia es en el vestirse. Puede parecer algo menor, pero para un niño que no logra coordinar los movimientos necesarios, esto supone un esfuerzo enorme cada mañana. Y para la familia, una fuente constante de tensión.

La recomendación del NHS británico para el trastorno del desarrollo de la coordinación es siempre la misma: dividir la actividad difícil en partes más pequeñas y practicarla con regularidad. En lugar de decir «vístete», puedes probar esto:

  • Empieza por una sola prenda, por ejemplo la camiseta. Entrégala ya dada la vuelta y en el orden correcto para que solo tenga que pasarla por la cabeza.
  • Cuando esa prenda funcione, añade una segunda. Primero el pantalón, después la camiseta.
  • Usa prendas con elásticos anchos al principio y ve pasando a botones grandes, luego pequeños.
  • Practica una habilidad concreta —como abrocharse los botones— varias veces al día en momentos tranquilos, no con prisa.

La clave está en la repetición sin presión. No se trata de que lo haga perfecto, sino de que gane confianza paso a paso.

Manos infantiles practicando con un botón grande sobre una tela.
Practicar el abrochamiento con botones grandes y en momentos tranquilos prepara el camino hacia la autonomía.

Atarse los cordones: una habilidad que se aprende

Los cordones son probablemente la pesadilla más conocida de las familias con niños con dispraxia. Y es que requiere una coordinación fina enorme: mover los dedos de forma precisa mientras se mantiene la atención en varios pasos a la vez.

Antes de llegar a los cordones, asegúrate de que tu hijo domina el gesto de hacer un nudo sencillo con un cordón grueso sobre una superficie plana. Puedes practicar con un zapato puesto en la mesa, sin prisa.

Cuando esté preparado para los cordones, puedes usar un zapato con cordones elásticos o comenzar con el método de los dos lazos paso a paso, repasando cada submovimiento hasta que lo automatice. Algunos niños aprenden mejor viendo un vídeo una y otra vez; otros prefieren hacerlo ellos mismos con guía física (tu mano sobre la suya al principio).

Y si a los 8 o 9 años sigue siendo una lucha enorme, no pasa nada: existen zapatos con velcro o cordones elásticos que permiten la independencia sin que eso sea un fracaso. El objetivo es que el niño pueda vestirse solo con dignidad.

Escribir y tomar apuntes: más allá del lápiz

Escribir a mano puede resultar agotador para un niño con dispraxia. La mano le duele, las letras se le escapan del renglón y el resultado no se parece en nada a lo que él quería poner. Eso desmoraliza mucho, sobre todo cuando ve que sus compañeros terminan antes y con más limpieza.

Según MedlinePlus, usar un ordenador para tomar notas puede ayudar a los niños con trastorno del desarrollo de la coordinación que tienen dificultades para escribir. No se trata de rendirse, sino de abrir una puerta: si el niño puede expresarse mejor tecleando que garabateando, eso es una victoria enorme para su autoestima y su aprendizaje.

Puedes empezar dejando que haga en el ordenador las actividades que impliquen más escritura: redacciones, resúmenes, fichas de comprensión lectora. Así su energía se va en pensar y no en luchar contra el lápiz.

Actividad física: no todo tiene que ser competir

Los niños con dispraxia a veces huyen del deporte porque se sienten torpes en comparación con los demás. Eso no significa que no necesiten moverse: los niños y adolescentes de 6 a 17 años necesitan al menos 60 minutos de actividad física cada día, según el CDC. Pero esa actividad no tiene por qué ser un partido de fútbol.

Busca opciones donde el movimiento sea amable con su cuerpo: natación, bicicleta, artes marciales con cinturón, danza. Actividades donde progresar no dependa de competir con otros y donde el cuerpo vaya encontrando su propio ritmo.

Y cuando consiga hacer algo nuevo —por ejemplo, lanzar y atrapar una pelota— no olvides reconocer el esfuerzo, no solo el resultado. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda animar y elogiar al niño no solo cuando alcanza un objetivo, sino también por su esfuerzo. Eso construye una imagen de sí mismo mucho más sólida que cualquier nota o trofeo.

Qué hacer ahora mismo

Si después de leer este artículo reconoces a tu hijo en estas dificultades, el siguiente paso no es buscar un diagnóstico por tu cuenta ni etiquetarlo. Las señales observadas en casa o en clase no bastan por sí solas: solo un profesional puede diagnosticar una dificultad de aprendizaje, según el NICHD.

Lo que sí puedes hacer ahora es:

  • Apuntar las situaciones concretas donde notas la dificultad: vestirse, escribir, coordinar movimientos, caerse con frecuencia.
  • Hablar con el tutor o la tutora del colegio para compartir lo que observas en casa.
  • Solicitar una valoración a través del equipo de orientación del centro o del profesional de referencia (pediatra, neuropediatra).
  • Empezar a practicar en casa alguna habilidad pequeña —vestir una prenda, abrocharse un botón— sin presión y con mucha paciencia.

Este artículo es orientativo y no sustituye una valoración profesional. Si tienes dudas, el primer paso es siempre hablar con el equipo que ya conoce a tu hijo.

Si quieres profundizar en cómo adaptar las tareas escolares a otras dificultades del aprendizaje, puedes leer Los deberes en casa con dislexia o TDAH: cómo bajar el conflicto de cada tarde o Cómo hablar con el colegio sobre adaptaciones.

Solo usamos almacenamiento técnico esencial (tu idioma y tu elección de cookies, guardados en tu navegador). Sin rastreo, sin cookies de terceros. Política de cookies