Si buscas «dislexia España» te vas a encontrar el mismo dato repetido en decenas de sitios: el 10 % de la población, 800.000 niños en las aulas. Hemos ido a buscar el estudio detrás de esa cifra y no lo hay.
Primero, el hueco
No existe una cifra oficial estatal de prevalencia de dislexia en España. El Ministerio de Educación no la publica porque no la mide: en su estadística, la dislexia va dentro de la categoría agregada «trastornos de aprendizaje», que incluye también disgrafía, discalculia y otras dificultades. En el curso 2024-2025 esa categoría reunía en torno a 250.900 alumnos, pero no hay desglose.
Así que cualquier frase del tipo «el X % de los niños españoles tiene dislexia» procede de un estudio académico o de una asociación, nunca de un registro oficial. Conviene saberlo antes de leer nada más.
El 10 % que circula por todas partes
La cifra de «10 % de la población / 800.000 niños en las aulas españolas» procede de Plataforma Dislexia, que la atribuye a la International Dyslexia Association y a la European Dyslexia Association sin año de referencia y sin ningún estudio español que la respalde. El mismo texto cita que la dislexia estaría detrás del «65 % del fracaso escolar», atribuido a un artículo de prensa sin año, y que «solo el 33 % recibe atención profesional», atribuido a un reportaje de 2013.
No decimos que sea una cifra malintencionada. Las asociaciones necesitan números redondos para hacer visible un problema real, y el problema es real. Decimos que no es una cifra que se pueda citar como dato, y que hay alternativas mejores y no mucho más bajas.
Lo que sí tiene método
El metaanálisis de Cubilla Bonnetier (2024), publicado en la Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento, revisó 16 estudios sobre población hispanohablante y estimó una prevalencia de 7,52 %, con intervalo de confianza entre 5,17 % y 10,91 %, mayor en varones. Los autores reconocen heterogeneidad significativa no explicada por los moderadores analizados.
El estudio español más reciente y más sólido es el de Loredo, Luque, Giménez y López-Pérez (2025), publicado en Frontiers in Psychology el 28 de octubre de 2025. Evaluó a 691 alumnos de 5.º y 6.º de Primaria de colegios públicos de Málaga, con una media de 11,4 años. Resultados: riesgo de dislexia 8,5 % (IC 95 % 6,6-10,9), riesgo de discalculia 4,2 % y comorbilidad de ambas 2,0 %.
Ese estudio trae además dos hallazgos que casi nadie comenta. El primero: por sexo, el riesgo de dislexia fue mayor en niñas (10,2 %) que en niños (6,8 %), aunque la diferencia no alcanzó significación estadística. El segundo, este sí significativo: en discalculia las niñas triplicaron a los niños (6,3 % frente a 2,1 %, OR = 3,16). Va justo en contra del estereotipo de que las dificultades de aprendizaje son cosa de niños.
Por nivel socioeconómico, el riesgo de dislexia fue del 12,0 % en el nivel bajo, 5,9 % en el medio y 7,8 % en el alto, una relación marginal pero que apunta en la dirección esperable.
El dato más útil de todos: identificados frente a reales
Villegas Lirola (2023) analizó los datos de 944.118 estudiantes andaluces de 6 a 16 años en la Revista CENTRA de Ciencias Sociales. Con el criterio estricto de menos dos desviaciones típicas, la prevalencia identificada por el sistema era del 1,24 %. Con el criterio de menos 1,5 desviaciones, la prevalencia estimada era del 3,6 %. La diferencia son unos 31.700 estudiantes andaluces con dificultades de lectura sin identificar formalmente.
Ese es, para nosotros, el número que de verdad importa. No cuántos niños tienen dislexia, sino cuántos la tienen y nadie lo sabe. Porque un niño con dislexia identificada tiene informe, adaptaciones y, con suerte, apoyo. Un niño con dislexia no identificada tiene, sencillamente, la reputación de vago.
Qué cifra usar, entonces
Si necesitas dar una cifra en una reunión con el colegio o en un texto, nuestra recomendación es esta: entre el 7 y el 8,5 % según los estudios con método, citando el metaanálisis en español o el estudio de Málaga. Y si alguien saca el 10 %, no hace falta discutir: el orden de magnitud es el mismo y el argumento no cambia. Lo que sí cambia es tu credibilidad si te piden la fuente.
Fuentes
Este artículo es información general elaborada a partir de fuentes públicas enlazadas al final. Zubibook no es un centro sanitario ni educativo homologado y este texto no sustituye el diagnóstico ni la orientación de un profesional. Si algo de lo que lees aquí te preocupa, habla con el equipo de orientación del centro o con tu profesional de referencia.