Autismo

Grado 1, 2 y 3 de autismo: qué significan, qué no significan y por qué la mayoría de informes no los recogen

9 min de lecturaZubibook
Un padre y su hijo en el suelo del salón con hojas de actividades repartidas

«A mi hijo le han puesto grado 2.» Es una frase que ordena mucho en la cabeza de una familia y que, sin embargo, significa bastante menos de lo que parece. Vamos a explicar qué dice el manual, qué se sabe sobre cómo se usa en la práctica y cómo elegir material sin que la etiqueta decida por ti.

Qué dice exactamente el DSM-5

El DSM-5 no habla de «grados de autismo» sino de niveles de necesidad de apoyo, y los define en su Tabla 2. La traducción española emplea grado 1 «necesita ayuda», grado 2 «necesita ayuda notable» y grado 3 «necesita ayuda muy notable».

El detalle que más se pierde por el camino es que los niveles se asignan por separado a dos dominios: comunicación social por un lado, y comportamientos restringidos y repetitivos por otro. Un niño puede ser grado 1 en comunicación y grado 2 en flexibilidad. Cuando alguien dice «grado 2» a secas, normalmente está resumiendo dos valoraciones distintas en una sola.

Grado 1, «necesita ayuda»

En comunicación social, el manual describe que, sin apoyos, las dificultades causan deterioro apreciable: dificultad para iniciar interacciones y ejemplos claros de respuestas atípicas o infructuosas a las aproximaciones de otros. El ejemplo del propio manual es una persona que habla con frases completas y se comunica, pero cuya conversación recíproca falla y cuyos intentos de hacer amigos resultan extraños y en general no funcionan.

En comportamientos restringidos, la inflexibilidad interfiere significativamente en uno o más contextos, hay dificultad para cambiar de actividad, y —esta es la frase clave— «los problemas de organización y planificación dificultan la autonomía».

Grado 2, «necesita ayuda notable»

Déficits marcados en comunicación verbal y no verbal, con deterioro social aparente incluso con los apoyos puestos, iniciación limitada de interacciones y respuestas reducidas o anómalas. El ejemplo del manual es una persona que habla con frases simples, cuya interacción se limita a intereses restringidos y con comunicación no verbal marcadamente atípica.

En comportamientos, la inflexibilidad aparece con la frecuencia suficiente para ser evidente para un observador casual e interfiere en contextos variados.

Grado 3, «necesita ayuda muy notable»

Déficits graves en comunicación verbal y no verbal que causan alteraciones graves del funcionamiento, iniciación muy limitada y respuesta mínima a las aproximaciones sociales. El ejemplo es una persona con pocas palabras inteligibles que rara vez inicia interacción y que, cuando lo hace, usa acercamientos inusuales para cubrir necesidades, respondiendo solo a aproximaciones muy directas.

En comportamientos, la inflexibilidad y la dificultad extrema para afrontar el cambio interfieren notablemente en todas las esferas, con gran malestar al cambiar de foco o de acción.

Y ahora, la parte incómoda

En marzo de 2026 se publicó en el Journal of Autism and Developmental Disorders un estudio de la red ADDM del CDC sobre 15.450 niños de 4 y 8 años con diagnóstico documentado de autismo. La pregunta era sencilla: ¿cuántos informes recogen el nivel de severidad?

La respuesta: solo el 40,4 %. Y con una variación entre centros que va del 4,8 % al 73,2 %. Es decir, que tu hijo tenga o no un grado asignado depende muchísimo de dónde le hayan diagnosticado.

Entre los que sí lo tenían documentado, el reparto fue: nivel 2 entre el 41,0 % y el 50,9 %, nivel 3 entre el 23,2 % y el 32,5 %, y nivel 1 entre el 21,3 % y el 26,5 %. Los niños con discapacidad intelectual asociada tenían más del doble de probabilidad de ser asignados al nivel 3, lo que sugiere que en la práctica el nivel se está contaminando con la presencia de discapacidad intelectual, que es una cosa distinta.

La conclusión de los autores es literal: la utilización de los niveles de severidad del DSM-5 por parte de profesionales de la comunidad varió ampliamente, limitando su utilidad potencial. Y añaden un dato que casi nadie menciona: los niveles no fueron validados antes de la publicación del DSM-5, y sigue sin estar claro si deben basarse solo en síntomas de autismo o incluir también las condiciones coexistentes.

El grado del DSM no es el grado del certificado

Este es el malentendido más frecuente en España, y el que más disgustos causa. El grado del DSM-5 (1, 2 o 3) es una descripción clínica de cuánto apoyo necesita la persona. El grado de discapacidad del certificado español (33 %, 65 %…) es una valoración administrativa que hace un equipo de valoración de la comunidad autónoma con un baremo estatal completamente distinto, y que da acceso a prestaciones, exenciones y reserva de plazas.

No hay tabla de equivalencia entre ambos. Un niño con grado 1 del DSM puede tener un 33 % reconocido y un niño con grado 2 puede no tener certificado ninguno porque nadie lo ha tramitado. Son dos sistemas paralelos que no se hablan entre sí.

Entonces, ¿para qué sirve el grado?

Sirve como atajo descriptivo entre profesionales que comparten contexto. No sirve como identidad, no sirve como pronóstico y no sirve como criterio único para elegir apoyos. El propio manual asigna los niveles por dominio, y el nivel de apoyo que una persona necesita cambia con el tiempo, con el entorno y con el día. Un niño puede funcionar como grado 1 en casa con su rutina y como grado 2 en un cumpleaños ruidoso.

Cómo elegir material sin que la etiqueta decida

Aquí somos transparentes: no existe ninguna fuente que establezca una correspondencia entre grado DSM y tipo de material didáctico. Lo que sigue es una derivación razonada a partir de las descripciones del manual y de las prácticas basadas en evidencia recogidas por el NCAEP, que identificó 28 prácticas con respaldo para autismo, entre ellas los apoyos visuales y la comunicación aumentativa y alternativa. Es orientación general, nunca criterio clínico.

Si el punto débil que describe el manual en grado 1 es la organización y la planificación, entonces el material coherente es el que da andamiaje organizativo sobre contenido ordinario: agendas y planificadores visuales, secuencias de pasos para tareas complejas, apoyos de transición entre actividades, guiones para situaciones sociales concretas.

En grado 2, con frases simples e interacción limitada a intereses restringidos, lo coherente es reducir la carga de texto y aumentar la estructura: pictogramas y agendas muy pautadas, tareas segmentadas con formato repetido y predecible, uso de los intereses del niño como vehículo del contenido, y anticipación explícita de cualquier cambio.

En grado 3, con comunicación verbal muy limitada, el material útil es el de comunicación y autonomía: tableros de elección, sistemas aumentativos, rutinas visuales muy básicas y estables, y un solo elemento por página. Los objetivos funcionales pesan más que los académicos.

Pero el criterio operativo real para elegir material no es la etiqueta. Son tres preguntas concretas: ¿cuánto lenguaje comprende?, ¿cuánta tarea puede sostener solo? y ¿cuánto cambio tolera sin bloquearse? Si respondes a esas tres, ya sabes qué material necesita tu hijo, tenga el informe el grado que tenga o no lo tenga.

Fuentes

Este artículo es información general elaborada a partir de fuentes públicas enlazadas al final. Zubibook no es un centro sanitario ni educativo homologado y este texto no sustituye el diagnóstico ni la orientación de un profesional. Si algo de lo que lees aquí te preocupa, habla con el equipo de orientación del centro o con tu profesional de referencia.

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