Beca NEAE 2026-2027: la guía completa para pedirla, paso a paso
Desde "no sé si me corresponde" hasta la solicitud presentada: cuantías oficiales del BOE, umbrales de renta, qué papeles hacen falta y las diez pantallas del formulario en orden.

Esta guía no va de culpa. Va de dos cosas muy concretas: qué recomiendan hoy los organismos de nueve países, y qué puedes hacer el martes por la tarde, cuando son las seis, llevas doce horas de pie y tu hijo lleva veinte minutos pidiendo el móvil.
Seguro que lo has visto. Está viendo vídeos, se le pone esa cara de mandíbula floja y ojos quietos, y cuando le quitas el teléfono no protesta como protestaría si le quitaras un juguete: protesta como si le hubieras quitado algo mucho más grande.
La explicación no tiene mucho misterio y no hace falta adornarla. Un vídeo corto detrás de otro no es una actividad: es una sucesión de comienzos. Cada tres segundos pasa algo nuevo, nunca hay un momento aburrido, y lo siguiente empieza solo sin que nadie decida nada. Comparado con eso, cualquier otra cosa del salón parece lenta. No es que el niño «se enganche» en un sentido dramático; es que acaba de estar en un sitio donde todo iba a un ritmo que la vida real no tiene, y volver cuesta.
Por eso la pelea de las seis de la tarde casi nunca se gana apagando la pantalla. Se gana teniendo preparado lo que viene después.
Lo llamativo de este asunto es lo poco que discrepan entre sí las autoridades sanitarias. Han llegado por caminos distintos, en años distintos, y acaban en el mismo sitio: cuanto más pequeño, menos, y antes de los dos o tres años, nada.
| Quién | Qué recomienda |
|---|---|
| OMS · 2019 | Menos de 1 año: nada de pantallas. 1 año: tampoco. 2 años: como mucho una hora, y mejor menos. De 3 a 4 años: como mucho una hora, y mejor menos. |
| España · AEP, 2025 | De 0 a 6 años: evitar las pantallas, salvo videollamadas con la familia. De 7 a 12: menos de una hora al día, contando los deberes. De 13 a 16: menos de dos horas. |
| Francia · informe al presidente, 2024 | Nada de pantallas antes de los 3 años. De 3 a 6, desaconsejado; y si hay, contenido educativo, poco y con un adulto delante. Nada de móvil antes de los 11. |
| Alemania · guía DGKJ, 2023 | Menores de 3 años: sin pantallas, ni de fondo. De 3 a 6: media hora como mucho, en días sueltos y acompañados. De 6 a 9: entre media hora y tres cuartos. |
| Suecia · Folkhälsomyndigheten, 2024 | Menores de 2 años: nada. De 2 a 5: una hora al día como máximo. De 6 a 12: una o dos. Y ni móviles ni tabletas en el dormitorio por la noche. |
| Dinamarca · Sundhedsstyrelsen, 2025 | Los bebés y los niños muy pequeños no necesitan pantallas; si las hay antes de los dos años, siempre con un adulto implicado. Fuera de la habitación y nada antes de dormir. |
| Países Bajos · Gobierno, 2025 | Menores de 2 años: se desaconseja el uso de pantallas. A partir de ahí, subida gradual y acompañada, no un salto. |
| Italia · SIP, 2025 | Cada año que se gana sin uso digital cuenta. Nada de smartphone propio hasta los 13, y aviso explícito sobre el «teléfono pacificador» en los primeros años. |
| Portugal · SPNP, 2024 | De 0 a 3 años: evitar, salvo videollamadas; como mucho media hora de televisión y siempre acompañada. De 4 a 6: media hora al día. De 7 a 11: menos de una hora. |
Si te sientes lejos de estas cifras, no eres una excepción: casi todo el mundo lo está. Están escritas como una dirección hacia la que caminar, no como un examen que se aprueba o se suspende.
El estudio más citado de los últimos años viene de Japón. Takahashi y su equipo siguieron a 7.097 parejas de madre e hijo del estudio de Tohoku y publicaron el resultado en JAMA Pediatrics en 2023. Midieron cuánta pantalla veía cada niño al año de vida y luego evaluaron su desarrollo a los dos y a los cuatro.
Encontraron una relación por escalones. A los dos años, comparados con los que veían menos de una hora al día: los de una a dos horas tenían más riesgo de retraso en comunicación (OR 1,61), los de dos a cuatro horas más (OR 2,04) y los de cuatro horas o más, mucho más (OR 4,78). A los cuatro años seguía habiendo diferencia en comunicación y en resolución de problemas, aunque más pequeña.
El segundo pilar es un metaanálisis de Madigan y colaboradores, también en JAMA Pediatrics, que reunió 42 estudios sobre pantallas y lenguaje infantil. Tres conclusiones: más tiempo de pantalla se asocia con peor lenguaje; ver acompañado y comentando lo que sale es mejor que ver solo; y empezar más tarde va asociado a mejor lenguaje que empezar antes.
Ahora la parte que casi nunca se cuenta. Nada de esto demuestra que la pantalla cause el retraso. Son estudios de observación. Es perfectamente posible que un niño al que ya le cuesta más el lenguaje sea también un niño más difícil de entretener de otra manera, y acabe con más pantalla por eso. La flecha puede apuntar en las dos direcciones y la investigación actual no la resuelve.
Lo que sí tiene bastante apoyo es una explicación más aburrida y más útil: el desplazamiento. La hora de pantalla es una hora que no se pasa hablando contigo, manipulando objetos, moviéndose o aburriéndose. Y esas cuatro cosas sí sabemos para qué sirven. Puesto así, la pregunta en casa deja de ser «¿cuánto daño hace?» y pasa a ser «¿qué está ocupando el sitio de qué?», que es una pregunta que sí se puede contestar un martes por la tarde.
Ninguna es original ni nuestra. Son las que repiten los documentos de arriba y las que, en nuestra experiencia con familias, aguantan más de una semana.
No lo decimos por nostalgia. Lo decimos por tres razones bastante prosaicas.
La primera es que una hoja tiene un final visible. El niño ve dónde acaba la página. En una aplicación no se ve el final —y ese es exactamente el diseño—, así que no hay ningún momento natural para parar.
La segunda es que una hoja no interrumpe. No hay notificación, no hay vídeo siguiente, no hay recomendación. Para un niño al que le cuesta sostener la atención, cada interrupción no cuesta diez segundos: cuesta volver a empezar.
La tercera es que se toca. Se colorea, se recorta, se pega, se aprieta el lápiz. Y aquí hay un estudio que merece la pena mirar con cuidado: Van der Weel y Van der Meer, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, registraron con 256 electrodos la actividad cerebral de 36 personas mientras escribían a mano o tecleaban. Al escribir a mano aparecían patrones de conectividad en las regiones parietales y centrales que al teclear no aparecían.
Y ahora la letra pequeña, que también es parte de la guía: eran 36 adultos universitarios, no niños, y lo que se midió fue conectividad cerebral, no cuánto aprendieron. Es una pista interesante, no una prueba de que escribir a mano enseñe más. Quien te lo venda como prueba, te está vendiendo algo.
No te vamos a decir que un cuaderno de actividades «mejore el cerebro» de tu hijo. No hay ningún estudio que diga eso de ningún cuaderno, ni del nuestro ni de ninguno, y quien lo afirme está estirando la evidencia hasta romperla.
Lo que hace un cuaderno es algo mucho más modesto y bastante más útil: ocupa un rato con una tarea que tiene principio y final, adaptada a lo que a ese niño le cuesta, con su nombre dentro para que le apetezca abrirlo. Ese rato es un rato que la pantalla no ocupa. Eso es todo lo que afirmamos, y es suficiente.
Tampoco te vamos a decir que las pantallas sean el enemigo. Una videollamada con la abuela es contacto humano, no tiempo de pantalla en el sentido preocupante, y así lo recogen la mayoría de las recomendaciones de arriba. La cuestión no es papel contra pantalla: es tarea con un objetivo contra entretenimiento sin final.
Al domingo siguiente, repite lo que aguantó y tira lo que no. Nadie mantiene siete cambios a la vez.
Este artículo es información general elaborada a partir de las fuentes públicas enlazadas al final. Zubibook no es un centro sanitario ni educativo homologado y este texto no sustituye el diagnóstico ni la orientación de un profesional. Si algo de lo que lees aquí te preocupa, habla con tu pediatra o con el equipo de orientación del centro.
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