En casa

Cómo evitar que un niño pequeño se quede embobado con la pantalla

11 min de lecturaZubibook
Un móvil boca abajo sobre la mesa, junto a un cuaderno abierto con un lápiz y un reloj de arena

Esta guía no va de culpa. Va de dos cosas muy concretas: qué recomiendan hoy los organismos de nueve países, y qué puedes hacer el martes por la tarde, cuando son las seis, llevas doce horas de pie y tu hijo lleva veinte minutos pidiendo el móvil.

Lo que pasa cuando se apaga

Seguro que lo has visto. Está viendo vídeos, se le pone esa cara de mandíbula floja y ojos quietos, y cuando le quitas el teléfono no protesta como protestaría si le quitaras un juguete: protesta como si le hubieras quitado algo mucho más grande.

La explicación no tiene mucho misterio y no hace falta adornarla. Un vídeo corto detrás de otro no es una actividad: es una sucesión de comienzos. Cada tres segundos pasa algo nuevo, nunca hay un momento aburrido, y lo siguiente empieza solo sin que nadie decida nada. Comparado con eso, cualquier otra cosa del salón parece lenta. No es que el niño «se enganche» en un sentido dramático; es que acaba de estar en un sitio donde todo iba a un ritmo que la vida real no tiene, y volver cuesta.

Por eso la pelea de las seis de la tarde casi nunca se gana apagando la pantalla. Se gana teniendo preparado lo que viene después.

Nueve países dicen casi la misma frase

Lo llamativo de este asunto es lo poco que discrepan entre sí las autoridades sanitarias. Han llegado por caminos distintos, en años distintos, y acaban en el mismo sitio: cuanto más pequeño, menos, y antes de los dos o tres años, nada.

QuiénQué recomienda
OMS · 2019Menos de 1 año: nada de pantallas. 1 año: tampoco. 2 años: como mucho una hora, y mejor menos. De 3 a 4 años: como mucho una hora, y mejor menos.
España · AEP, 2025De 0 a 6 años: evitar las pantallas, salvo videollamadas con la familia. De 7 a 12: menos de una hora al día, contando los deberes. De 13 a 16: menos de dos horas.
Francia · informe al presidente, 2024Nada de pantallas antes de los 3 años. De 3 a 6, desaconsejado; y si hay, contenido educativo, poco y con un adulto delante. Nada de móvil antes de los 11.
Alemania · guía DGKJ, 2023Menores de 3 años: sin pantallas, ni de fondo. De 3 a 6: media hora como mucho, en días sueltos y acompañados. De 6 a 9: entre media hora y tres cuartos.
Suecia · Folkhälsomyndigheten, 2024Menores de 2 años: nada. De 2 a 5: una hora al día como máximo. De 6 a 12: una o dos. Y ni móviles ni tabletas en el dormitorio por la noche.
Dinamarca · Sundhedsstyrelsen, 2025Los bebés y los niños muy pequeños no necesitan pantallas; si las hay antes de los dos años, siempre con un adulto implicado. Fuera de la habitación y nada antes de dormir.
Países Bajos · Gobierno, 2025Menores de 2 años: se desaconseja el uso de pantallas. A partir de ahí, subida gradual y acompañada, no un salto.
Italia · SIP, 2025Cada año que se gana sin uso digital cuenta. Nada de smartphone propio hasta los 13, y aviso explícito sobre el «teléfono pacificador» en los primeros años.
Portugal · SPNP, 2024De 0 a 3 años: evitar, salvo videollamadas; como mucho media hora de televisión y siempre acompañada. De 4 a 6: media hora al día. De 7 a 11: menos de una hora.

Si te sientes lejos de estas cifras, no eres una excepción: casi todo el mundo lo está. Están escritas como una dirección hacia la que caminar, no como un examen que se aprueba o se suspende.

Qué ha medido la investigación, y qué no

El estudio más citado de los últimos años viene de Japón. Takahashi y su equipo siguieron a 7.097 parejas de madre e hijo del estudio de Tohoku y publicaron el resultado en JAMA Pediatrics en 2023. Midieron cuánta pantalla veía cada niño al año de vida y luego evaluaron su desarrollo a los dos y a los cuatro.

Encontraron una relación por escalones. A los dos años, comparados con los que veían menos de una hora al día: los de una a dos horas tenían más riesgo de retraso en comunicación (OR 1,61), los de dos a cuatro horas más (OR 2,04) y los de cuatro horas o más, mucho más (OR 4,78). A los cuatro años seguía habiendo diferencia en comunicación y en resolución de problemas, aunque más pequeña.

El segundo pilar es un metaanálisis de Madigan y colaboradores, también en JAMA Pediatrics, que reunió 42 estudios sobre pantallas y lenguaje infantil. Tres conclusiones: más tiempo de pantalla se asocia con peor lenguaje; ver acompañado y comentando lo que sale es mejor que ver solo; y empezar más tarde va asociado a mejor lenguaje que empezar antes.

Ahora la parte que casi nunca se cuenta. Nada de esto demuestra que la pantalla cause el retraso. Son estudios de observación. Es perfectamente posible que un niño al que ya le cuesta más el lenguaje sea también un niño más difícil de entretener de otra manera, y acabe con más pantalla por eso. La flecha puede apuntar en las dos direcciones y la investigación actual no la resuelve.

Lo que sí tiene bastante apoyo es una explicación más aburrida y más útil: el desplazamiento. La hora de pantalla es una hora que no se pasa hablando contigo, manipulando objetos, moviéndose o aburriéndose. Y esas cuatro cosas sí sabemos para qué sirven. Puesto así, la pregunta en casa deja de ser «¿cuánto daño hace?» y pasa a ser «¿qué está ocupando el sitio de qué?», que es una pregunta que sí se puede contestar un martes por la tarde.

Catorce cosas que sí puedes hacer

Ninguna es original ni nuestra. Son las que repiten los documentos de arriba y las que, en nuestra experiencia con familias, aguantan más de una semana.

  1. Decide tú cuándo, no él. La diferencia entre «hay pantalla los sábados por la mañana» y «hay pantalla cuando insiste mucho» es enorme. En el primer caso no hay nada que negociar; en el segundo, insistir funciona, y lo que funciona se repite.
  2. Que el final se vea venir. Un reloj de arena en la mesa, o un temporizador que él mismo pone. No es lo mismo que la pantalla se apague de golpe que verla acabarse. Se ahorran la mitad de las rabietas.
  3. Ten preparado el después. Antes de apagar, ten la cosa siguiente encima de la mesa: la hoja, las pinturas, la masa, el puzle. Apagar sin plan es abrir un agujero, y el agujero lo llena una rabieta.
  4. Nada de pantalla en las comidas. Es la recomendación en la que coinciden absolutamente todos los organismos, y también el momento en el que más se habla en una casa. Salen gratis veinte minutos de conversación al día.
  5. Ni en el dormitorio, ni antes de dormir. Suecia y Dinamarca lo dicen con todas las letras. La hora anterior a acostarse es la más rentable de todo el día para dejar el móvil en la cocina.
  6. Si hay pantalla, siéntate al lado. El metaanálisis de Madigan es claro: ver acompañado y comentando lo que pasa cambia el resultado. «¿Qué crees que va a hacer ahora?» convierte un vídeo en una conversación.
  7. Vídeo largo antes que vídeos cortos. No todas las pantallas piden lo mismo. Una película de cuarenta minutos tiene un hilo, un final y momentos lentos. Cuarenta vídeos de un minuto no tienen nada de eso.
  8. Cuidado con el móvil que tú tienes en la mano. Es el punto que más incomoda y el que más citan los documentos daneses y neerlandeses. Un niño de tres años aprende para qué sirve un teléfono mirándote a ti usarlo.
  9. Deja que se aburra veinte minutos. El aburrimiento no es un fallo de planificación: es el rato en el que aparece una idea propia. Si cada hueco se rellena con una pantalla, ese rato no llega nunca.
  10. Que el sitio de la casa mande. Una cesta con lápices y hojas encima de la mesa del salón se usa. Guardada en un armario, no. La fricción decide más que la buena intención.
  11. Una tarea con nombre y final. Aquí es donde entra el papel: algo que empieza, se acaba y se puede tachar. Ese formato aguanta la media hora sin que nadie tenga que vigilar.
  12. No negocies durante la rabieta. Se negocia antes o al día siguiente, en frío. Ceder en mitad del grito enseña que el grito es el camino, y es una lección que se aprende muy deprisa.
  13. Cuenta con que habrá excepciones. El avión, la sala de espera del médico, el día de fiebre. Un plan que no admite excepciones se rompe entero a la primera; uno que las admite, aguanta.
  14. Empieza por un solo cambio. Si intentas las trece anteriores el lunes, el viernes no queda ninguna. Elige una, la que más te chirríe, y quédate ahí dos semanas.

Por qué el papel aguanta el rato

No lo decimos por nostalgia. Lo decimos por tres razones bastante prosaicas.

La primera es que una hoja tiene un final visible. El niño ve dónde acaba la página. En una aplicación no se ve el final —y ese es exactamente el diseño—, así que no hay ningún momento natural para parar.

La segunda es que una hoja no interrumpe. No hay notificación, no hay vídeo siguiente, no hay recomendación. Para un niño al que le cuesta sostener la atención, cada interrupción no cuesta diez segundos: cuesta volver a empezar.

La tercera es que se toca. Se colorea, se recorta, se pega, se aprieta el lápiz. Y aquí hay un estudio que merece la pena mirar con cuidado: Van der Weel y Van der Meer, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, registraron con 256 electrodos la actividad cerebral de 36 personas mientras escribían a mano o tecleaban. Al escribir a mano aparecían patrones de conectividad en las regiones parietales y centrales que al teclear no aparecían.

Y ahora la letra pequeña, que también es parte de la guía: eran 36 adultos universitarios, no niños, y lo que se midió fue conectividad cerebral, no cuánto aprendieron. Es una pista interesante, no una prueba de que escribir a mano enseñe más. Quien te lo venda como prueba, te está vendiendo algo.

Lo que no te vamos a decir

No te vamos a decir que un cuaderno de actividades «mejore el cerebro» de tu hijo. No hay ningún estudio que diga eso de ningún cuaderno, ni del nuestro ni de ninguno, y quien lo afirme está estirando la evidencia hasta romperla.

Lo que hace un cuaderno es algo mucho más modesto y bastante más útil: ocupa un rato con una tarea que tiene principio y final, adaptada a lo que a ese niño le cuesta, con su nombre dentro para que le apetezca abrirlo. Ese rato es un rato que la pantalla no ocupa. Eso es todo lo que afirmamos, y es suficiente.

Tampoco te vamos a decir que las pantallas sean el enemigo. Una videollamada con la abuela es contacto humano, no tiempo de pantalla en el sentido preocupante, y así lo recogen la mayoría de las recomendaciones de arriba. La cuestión no es papel contra pantalla: es tarea con un objetivo contra entretenimiento sin final.

Un plan de siete días, por si quieres empezar hoy

  • Lunes — mira sin cambiar nada y apunta a qué horas aparece la pantalla en tu casa. Solo mirar.
  • Martes — quita la pantalla de una sola de esas horas, la que menos te cueste. Ten preparado lo que viene después.
  • Miércoles — comidas sin pantalla, la tuya incluida.
  • Jueves — pon un reloj de arena o un temporizador para que el final se vea venir.
  • Viernes — siéntate a ver diez minutos con él y comenta lo que sale en pantalla.
  • Sábado — deja veinte minutos sin nada preparado. Aguanta el «me aburro» sin resolverlo.
  • Domingo — cambia la última media hora antes de dormir por algo de papel y una historia.

Al domingo siguiente, repite lo que aguantó y tira lo que no. Nadie mantiene siete cambios a la vez.

Fuentes

Este artículo es información general elaborada a partir de las fuentes públicas enlazadas al final. Zubibook no es un centro sanitario ni educativo homologado y este texto no sustituye el diagnóstico ni la orientación de un profesional. Si algo de lo que lees aquí te preocupa, habla con tu pediatra o con el equipo de orientación del centro.

Seguir leyendo

Datos

1.255.443 alumnos con apoyo educativo

El 15,6 % del alumnado español recibe algún tipo de apoyo específico. Desglose por condición, comparación con cursos anteriores y lo que las cifras no cuentan.

Autismo

Los grados de autismo del DSM-5, explicados

Qué dice exactamente el DSM-5 sobre los tres niveles de apoyo en autismo, por qué solo el 40 % de los diagnósticos los documenta y por qué el grado del DSM no es el grado del certificado de discapacidad.

Solo usamos almacenamiento técnico esencial (tu idioma y tu elección de cookies, guardados en tu navegador). Sin rastreo, sin cookies de terceros. Política de cookies